Anoche Beniaján dio cumplimiento con brillantez a la Procesión del Encuentro que recorre sus calles cada Miércoles Santo, un desfile que también se ha popularizado como "el de los sanchezlozanos" por la autoría de casi todas las imágenes que lo componen. El pueblo se abarrotó, superando año tras año la afluencia de público seducido por la merecida fama de una Semana Santa que es referente en la zona e incluso traspasa fronteras.
Tiene, como la de tantos otros lugares, peculiaridades y matices que se convierten en singularidades atractivas para el espectador. Una de ellas es que dicen de la de Beniaján que es probablemente la Semana Santa más antigua de la Huerta, hundiendo sus raíces varios siglos atrás. Lo que sí es más conocido es que cuenta con una imaginería de primer orden, admirada por muchos y elogiada por los estudiosos que más saben de la materia, quienes han encontrado en la parroquial de San Juan Bautista un verdadero museo digno de visitar. No en vano es precisamente estos días cuando se ve deambular por las naves del templo a no pocos curiosos que buscan contemplar en directo semejante patrimonio.
Una pareja de Madrid, cuando las cofradías ya volvían de recogida a la iglesia, contaba que habían venido a pasar estas fiestas con unos amigos y estaban aprovechando para conocer la Semana Santa de Murcia. Tras asistir a la procesión del Cristo de la Sangre, se habían acercado a Beniaján: "Nos han dicho que, siendo Miércoles Santo, había que venir aquí". Y no parecían en absoluto defraudados, móvil en mano, captando con asombro uno tras otro los cinco tronos que componen el cortejo. Ya llevaban una abultada bolsa de caramelos y, quizá sin proponérselo, habían tenido la oportunidad de ver en la misma noche dos pasos de la Samaritana: la "colorá" y la beniajanense. Ambas son de las escasas representaciones que existen del encuentro de Jesús con la mujer de Samaria junto al pozo de Jacob, pues se trata de una escena que, de forma muy localizada y genuina, solo se encuentra en los desfiles pasionales levantinos.
Es también la noche de Miércoles Santo cuando sale la Caída a las calles de Beniaján, procesionada por la Hermandad de Jesús Nazareno. Una curiosidad en este caso es que el Señor es una imagen magistral de Sánchez Lozano realizada en 1954 y estuvo desfilando en solitario durante toda una década. Fue después cuando se incorporó la talla de la Verónica, realizada por el mismo autor, completando el paso. Y otro dato curioso es que el paño que ayer la brisa mecía de las manos de la santa mujer, llevaba la efigie del Nazareno que estampara sobre la tela hace un par de años el ilustrador y tatuador Ioné Lledó, artista local de renombre que también ha dejado su impronta contemporánea en algo tan ligado a la tradición.
Del Cristo de las Penas se podrían contar muchas cosas, como crucificado que cobra un protagonismo especial en todos los actos que tienen lugar estos días. Se trata precisamente del único conjunto escultórico del Miércoles Santo que no es del maestro alicantino. Y hablamos de conjunto porque está el Cristo, realizado por Ramón Granell, pero a sus pies también encontramos a María Magdalena abrazada al madero, obra en este caso de un imaginero del pueblo: José Ortiz.
Una nota a señalar de San Juan Evangelista, precisamente en 2026, es que su imagen cumple setenta años. Bien es cierto que su actual hermandad empezó a tomar parte en los desfiles con anterioridad, pero lo hacía con una talla del apóstol que se traía de Los Dolores cuando aquel territorio era todavía de Beniaján. Es en 1956 cuando se estrena la imagen que anoche parecía caminar sobre las andas, en un trono engalanado entre cuyas flores asomaba un estante de madera tocado por un crespón. Lazos negros se vieron y se van a seguir viendo estos días en prácticamente todos los estandartes y báculos de las hermandades beniajanenses, en señal conjunta de duelo por un joven cofrade sanjuanero que nos dejó de forma inesperada y repentina hace poco más de un mes. La pérdida ha sido muy sentida por todo el pueblo, pues su familia siempre ha estado muy comprometida con la actividad religiosa y cultural de la localidad. Gonzalo, prácticamente desde que echó a andar, ya disfrutaba con pasión y entusiasmo de estas fechas, de la emoción de los preparativos, irradiando una ilusión que este año ha dejado un vacío inmenso representado simbólicamente en su hueco vacante bajo las andas del trono.
El consuelo se desveló anoche bajo la luna en forma de brazos tendidos, los de la Virgen que cierra el cortejo, como acogiendo el dolor del mundo entero. Cuentan quienes tuvieron la oportunidad de conocer en vida y hablar con Sánchez Lozano que, cuando le preguntaban por sus Dolorosas, nombraba la de Beniaján como una de sus favoritas. Es obra desde luego sublime, provista de un amplio ajuar con el que la visten sus camareros cuidando cada detalle. Mecida siempre con los acordes de la banda titular de la Agrupación Musical de Beniaján, tras ella iba la acostumbrada presidencia que congrega a las autoridades regionales y locales asistentes, como el Consejero de Educación, varios concejales capitalinos, el alcalde de Beniaján, miembros de su junta municipal y representantes de pueblos vecinos.
El cierre de esta procesión se torna en un ritual que arranca con los honores que la Hermandad de Caballeros Legionarios brinda al Cristo de las Penas a las puertas de la iglesia, apagándose después el alumbrado para dar comienzo al Encuentro Doloroso del Crucificado con San Juan y la Virgen. Instantes de emoción, de marchas y de silencios rotos por los aplausos. Beniaján completó de este modo la manifestación de arte y devoción que lo atraviesa cada Miércoles Santo. Lo hizo arrastrado por la pasión de su legado, entregándose a ese encuentro que es abrazo y acogida, que es unión y amor concentrado en el corazón traspasado de una Madre que mira al cielo.
Por delante quedan aún la solemne Procesión del Silencio esta noche de Jueves Santo, la del Santo Entierro el viernes y las celebraciones de la Pascua de Resurrección. Nuevas oportunidades de conocer y vivir una Semana Santa con nombre propio.